Domingo, Septiembre 24, 2017

Santorini, la isla de la luz

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Fui a Santorini en 1971, el barco nocturno ancló antes del amanecer y en la oscuridad densa, soñoliento,  logré entrar en un autobús antiguo. Resollando y sacando humo del  tubo de escape subía un acantilado con curvas y finalmente llegamos a un pueblo totalmente muerto, gris y frío.
Todo estaba cerrado. No pertenecía a la categoría «no hay habitación en el hotel» sino que «no hay ningún hotel». Encontré refugio en la iglesia, donde se había reunido todo el mundo, ya que era el día de  Navidad.

La atmosfera era brillante, los iconos  maravillosos, y los curas vestidos con vestiduras lujosas. Fue mágico, casi como una ilusión. A continuación, al amanecer,  volvió lentamente la vida al pueblo y encontré una casa, donde desayuné con la familia. Los días siguientes, deambulando por el pueblo blanco, no vi ni un turista.


Vuelvo a Santorini cuatro décadas después y noto que  la isla es el epicentro del turismo griego, la más conocida de todas las islas, llena de hoteles, bares, tabernas, clubes y famosa como el destino preferido  para las parejas que hacen la luna de miel. Esto no es sorprendente, puesto que la isla más meridional del complejo de Cicladas tiene su propio encanto.

Su encanto se debe a  su forma,  así como a  las características del suelo, el cual  se creó  a causa de una fuerte explosión desde hace tres milenios. Hasta alrededor de 1630 a.d.c. aquí había una isla redonda, llamada Strongili, a causa de su forma, con laderas regulares,  que terminaban en un pico volcánico. Un día el volcán tuvo una explosión, la mayor en la historia de Europa. Grandes cantidades de lava se lanzaron al cielo, y el volcán se derrumbó en el fondo del mar, dejando en la  superficie una roca enorme, en forma de media luna, un precipicio increíble , que mira el mar desde lo alto, y el mar cubrió totalmente el volcán, dejando solo un pequeño pedazo de tierra, en la parte occidental.

Piense en Krakatoa, en el sudeste de Asia, si quiere hacer una comparación de la potencia destructiva de la naturaleza. Piense en Croissant, para comprender de qué  forma se ha quedado la isla,  llamada hoy Tira.
La llegada a Santorini es mucho más impresionante que  a todas las islas griegas, tal y como      navegas en la Caldera inundada y llegas al puerto, bajo los imponentes acantilados, ya sea llegando  en ferry,  en  crucero o en yate. Mejores son las vistas desde los pueblos blancos, construidos al borde de los acantilados.

Mirando desde las terrazas de los cafés o desde la habitación de su hotel, que está en el borde del acantilado,  hacia abajo, observas en el fondo una laguna, azul y brillante, sin fondo, con dos islotes marrón en el centro, los cuales se crearon por las explosiones desde el fondo, llamados Palea Kameni y Nea Kameni.
Alrededor de 1950  en esta zona se observaron burbujas y humo y la sensación de que la isla está  en una zona activa y volátil aumenta su encanto.
Pero desde la otra parte, en el extremo oriental de Fira,  todo es bucólico. Se puede ver viñedos verdes y campos cultivados y entre ellos mezclados casitas de campo y molinos de viento.

Mirando hacia el Sur o el Norte, a lo largo del borde de la Caldera, verá una serie de mágicas casitas blancas, escaladas a lo largo de las rocas bruscas,  a punto de caer por las escarpadas laderas. La furia  del volcán en combinación con la belleza griega, ha creado una isla singular que atrae a visitantes de  todo el mundo.
Las iglesias, con sus bóvedas azules y las paredes blancas son emblemáticas en la isla. Las costas del Sur y del Este son inmensas con guijarros negros y arena negra. Kamari y Perisa,  entre las más conocidas, son lugares de entretenimiento, llenos de animación.

La puesta del sol al borde de la Caldera es un fenómeno natural maravilloso. Al principio se puede ver las rocas iluminadas por una luz de color rosa y morado y después todo el cielo y el mar se incendian y se queman en colores rojos y adorados. 

Fira, llena de flores, con calles blanqueadas y embaldosadas con piedra de lava negra, logran  mantener su estilo antiguo a pesar de que en la actualidad hay muchas tiendas con comida rápida, calabazas secas pintadas a mano y vendedores de souvenirs. Un teleférico une la ciudad con el pequeño puerto, a pie de las rocas, alrededor de 250 metros abajo o se puede descender con burros,  los cuales, adornados con cintas y campanillas, siguen el sendero de los sesenta escalones.

Se puede dejar debajo el ruido de Fira fácilmente siguiendo un sendero en el norte,  a lo largo del borde de las rocas de la Caldera, que  hacen marearte y llegando a Firostefani e Imerovigli. En el camino atraviesa  flores silvestres e higueras, casitas pintadas en colores suaves, tiendas de arte, metidas literalmente en las rocas y joyerías. 

En los 360 metros sobre la superficie del mar Imerovigli es el punto más alto de la Caldera, con una serie de hoteles buenos y lujosos, construidos al estilo tradicional de las casas, con habitaciones  - galerías dentro de la roca, las cuales conducen a balcones al borde del acantilado con  maravillosas vistas a la Caldera.
Además aquí unas familias tienen tabernas que ofrecen pescado y especialidad de Santorin,i como albóndigas de tomate y fava que se sirve con limón y cebolla picada.

las vistas al volcan desde FirostefaniEn la cima  de los acantilados, en el norte de Santorini, está Oia, la joya de la isla. Con casas -  cuevas, que antiguamente estaban habitadas por familias de pescadores, pintadas en colores blancos, azules y ocre, junto a mansiones construidas por capitanes del tiempo pasado.

Caminando hacia  abajo llegas al pequeño puerto Armeni y a la hermosa arena Amoudi, con  multicolores  barcas pesqueras,  que se balancean en el mar y lleno de pequeños bares y tabernas de pescado, pegados uno  al otro, a lo largo del  muelle.

En Oia se encuentran algunos de los hoteles más distinguidos con vistas maravillosas, tiendas de buen gusto y galerías a lo largo de sus pequeñas calles. Aquí hay también una plaza pintoresca, donde se reúnen los nativos para beber ouzo, una bebida tradicional griega, a la sombra de los árboles, fuera de las pequeñas tabernas.

Akrotiri, en el Sur de Santorini, era un centro comercial antes de la catástrofe.

En la actualidad algunos creen que en Santorini estaba la Atlantida perdida, la tierra de los antiguos mitos griegos, y esta teoría añade una dimensión exótica en un lugar maravilloso.

Si realmente quiere viajar a Santorini, coja una pequeña embarcación y navegue por la laguna de Thirasia. Áspera, escarpada, rocosa y sin desarrollo, un pueblo como un  nido de águila, donde se llega solo a pie o en burro, este resto de la Strogili antigua, muestra cómo era la vida en toda  la isla en su época, a principios del la década de los 70.

En general el viaje a Santorini es una experiencia inolvidable.

 

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